Pero a pesar de percibir esa tensión -en el mundo adulto-, con los niñitos -en el mundo infantil- me siento feliz, ellos son puros e inocentes. Ver esa alegría en sus caritas por las cosas que les llevo para jugar y trabajar, eso es lo más bello, la respuesta con entusiasmo por realizar lo que propongo...
Ellos son parte de lo que empuja a seguir adelante, sus caritas felices con cada cosa que descubren... Ese "Seño" que me invita a jugar, a reír y a soñar en ese mágico mundo infantil, nunca olvidando que soy la adulta que los guía, pero permitiéndome disfrutar con ellos...
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